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Mostrando entradas de abril, 2017

LAS SANDALIAS DE LA REINA

Mónica Marchesky

Martha no podía creer que estuviera pisando suelo egipcio. El trayecto hasta el hotel, terminó con un largo periplo que comenzó en la terminal aérea de Montevideo, pasando por Buenos Aires, Londres, Estambul y finalmente El Cairo. Siempre se preguntó por qué la atraía tanto la cultura egipcia. Desde chica, tuvo la convicción de que algún día, llegaría a ver la obra colosal de los faraones que tantos misterios encerraban, aún en nuestros tiempos. Se había preparado para el encuentro, estudiando y perfeccionándose hasta llegar a ser una experta egiptóloga. Su casa en las afueras de la ciudad, estaba rodeada de jardines, custodiada por dos grandes mastines que se perdían entre estatuas de piedra que bordeaban un pequeño estanque. En el interior, predominaba una decoración egipcia, reproducciones, jarrones, escarabajos en oro, objetos que había adquirido en remates y casas de antigüedades. La Sociedad de Egiptología le había propuesto el viaje ya que se realizaría en los pr…

LA TESIS

Mónica Marchesky
Soy estudiante de Antropología y debía realizar una Tesis acerca de las haniwa tan emblemáticas y con un contenido existencialista y mortuorio. Siempre me atrajeron los temas oscuros, pero éste era un verdadero desafío. Recurrí a libros y bibliotecas que solo mencionaban vagamente a las tan huidizas esculturas de arcilla. Me encontraba en una situación desesperada y sin solución aparente. La Cultura Japonesa estaba tan lejos de este Montevideo que se presentaba gris y lluvioso, que mi desánimo iba en aumento.
Deambulé por las calles buscando unos ojos rasgados, una fisonomía que los delatara, me pregunté sin respuestas ¿Por qué acá en Uruguay no hay un barrio Japonés como en casi todas las partes del mundo?..
Recordé que en una de las calles principales de la Capital se encontraba una casa donde vendían productos japoneses y hacia allá dirigí mis pasos.
Al entrar, se respiraba un aire distinto, una música suave y acariciadora dominaba el ambiente, coronada por inciensos y…

UN AÑO DE AUSENCIA

Afuera, callada estaba, la sonrisa del tiempo. Llovía. Con un murmullo pesado y sonoro, las ramas de los árboles golpeaban sin piedad, una y otra vez, la ventana de madera. Era la misma ventana por la que un día, la vio partir en silencio, llevándose los jazmines de la luna eterna. En aquel tiempo, tenía un color marrón barnizado. Recordó con nostalgia el día que la habían pintado. La recordó a ella sobre un banquito de mimbre, con un pañuelo de margaritas que retenía con audacia sus rebeldes cabellos. La recordó con un delantal plasmado de tanto trabajo, de tanta esperanza que revoloteaba en su falda. Siempre con alegría; esa constante cascada que inundaba la casa y el parque. Era la misma ventana, pero ya no existía el color; ya no veía a través de ella los árboles sombríos y misteriosos como fábulas milenarias, sublevándose ante los años. Ya no veía…solo miraba sin ver. La vida con ella había resultado maravillosa a pesar de los niños que nunca llegaron, de los sueños que no se cumplieron…