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Mostrando entradas de mayo, 2016

LA TÍA EULALIA

Mónica Marchesky
 Descolgué el vaquero que mi madre había dejado tendido en el patio. Tenía la costumbre de colgarlos al revés y eso me fastidiaba. Mi madre, adicta a las dietas mágicas, tenía en la heladera cosas tan desagradables como verduras y alimentos de bajas calorías. Éramos en casa, cuatro varones hambrientos y deseosos de un buen churrasco con papas fritas. O comida chatarra, bien salada que se podía bajar con una cerveza. Era un martirio oír a mamá tratando de educarnos en el “buen comer”. Un día, cansado de las discusiones entre mis padres, abandoné la casa y con mis veinte años no miré atrás a la hora de dejar mi fastidiosa vida. No he vuelto desde entonces.                  –   Ha muerto me dijo uno de mis hermanos. Luis, el mayor, el que finalmente había llegado a ser médico, siguiendo la tradición familiar.                  –   Imposible –le grité por el manos libres mientras observaba la bahía que se desplegaba ante mi ventana. Era una hermosa mañana de otoño y el sonido …